Archivo de la categoría: Identidad Regional

Diseño e identidad regional


La identidad regional hace alusión a elementos culturales, geográficos y sociales que posibiliten que una región se diferencie de otra. La identidad es memoria colectiva y debe ser labor compartida por toda una sociedad, atendiendo y reflexionando sobre su historia, teniendo en cuenta que el presente no debe repetir el pasado, sino que debe contenerlo. La identidad es siempre actual, es presente que viene de la historia y a la historia regresa continuamente.

Es la historia viva la que crea identidad, y esta identidad se desfigura cuando se ignora el contexto histórico propio. En nuestra América es muy común que la historia oficial sufra de una miopía tal, que proporcione una visión del pasado sumamente desvirtuada, logrando en muchos casos que el país oficial se avergüence de su pasado aborigen y su presente nativo. Dice Eduardo Galeano: “Para que ignoremos lo que podemos ser, se nos oculta y se nos miente lo que fuimos” (El tigre azul y otros relatos. 1991).

El hecho de no poseer una identidad definida o, en otras palabras, el grado de confusión identitaria o “no-identidad” regional que presenta nuestro país en particular y Latinoamérica en general, puede ser atribuida a diferentes factores. Entre otros, el modo en que se desarrolló la conquista española, donde se creó un proceso de aculturación en el cual un grupo dominante impuso sus normas y sus pautas culturales en desmedro de la civilización autóctona. Luego, a una historia generada con retazos étnicos y culturales, producto de algunas inmigraciones que no pudieron despegarse nunca de la idea del regreso a su tierra, y por lo tanto, jamás lograron integrarse total y coherentemente al entorno local.

Por otra parte, un sector de la sociedad local intentó edificar, en su momento, una identidad cultural con la aglutinación de los contingentes extranjeros, pretendiendo ser una Europa en América. Sin embargo el resultado fue una multiculturalidad donde la heterogeneidad ha sido el rasgo más característico.

Todos estos sucesos no se han dado en forma casual y fortuita, sino que han respondido a argumentos de orden político y económico.

En la actualidad el auge de las redes de comunicación, el intercambio de información y los adelantos tecnológicos causan pánico en ciertos pesimistas que anuncian que cultural y económicamente, la globalización terminará por fagocitarnos. En contrapartida, considero que debemos tomar a la globalización no como un demonio, sino como un instrumento y utilizarla como oportunidad para integrarnos a los grandes flujos económicos y científicos del planeta, sin relegar de ninguna manera nuestra memoria histórica y social.

La identidad regional se concibe por el contenido y el fundamento de sus factores, no por el origen de los elementos que la conforman. Lo importante es ser conscientes de su procedencia y coherentes en la reivindicación de los referentes identitarios. Cuando la cultura está viva, muta en forma constante, recibe influencias externas, se desafía, se contradice, se depura, crece y se fortalece.

Si consideramos a la identidad como representación de una integridad social, producto de la cultura de cada sociedad en el espacio y el tiempo, comprenderemos que la discusión en torno a la identidad como región, no sólo debe involucrar en forma responsable a un amplio espectro de disciplinas, sino que deberá comprometer a la sociedad en general.

Desde el diseño es posible obrar modestamente en pos de la consolidación de nuestra identidad regional, trabajando sobre la sustancia gráfica y objetual local, sin desaprovechar las ventajas que otorgan el uso de la informática y las comunicaciones producto de la globalización.

Si bien es importante que el resto del mundo nos reconozca (siempre que hablamos de “nosotros” implica una presencia de “ellos”) por un diseño nuestro y original, es imprescindible que en primera instancia podamos reconocernos con una propuesta estética y comunicacional que realmente nos pertenezca.

Es importante señalar  que como comunidad somos una síntesis de diferentes culturas y es fundamental que admitamos que las culturas que han estado íntimamente relacionadas con nuestra tierra durante siglos son las que paradójicamente, siempre han permanecido relegadas como componentes de nuestra identidad regional.

Asimismo, es conveniente aclarar que la identidad regional excede al folklorismo, a lo “típico”, a la artesanía de aeropuerto o al producto artesanal-turístico (“recuerdo de…”), ya que son imágenes superficiales de nuestro modo de vida.

Aunque en algunas oportunidades se ha planteado desde el diseño y la artesanía la búsqueda de una identidad americana, en general se lo ha hecho por medio de la copia de las representaciones indígenas o populares, sin realizarse una verdadera recreación de las formas ni ningún tipo de trabajo que manifieste una evolución positiva. Se incurre con ello en una reproducción estereotipada de morfologías, generándose una especie de industrialización de lo típico. Evidentemente esta metodología no alcanza para concebir elementos identificadores válidos. Es necesario por lo tanto, la recuperación de la memoria social apuntando a un producto cultural que refuerce los procesos identitarios.

Considero que desde nuestra perspectiva del diseño, las artes, las artesanías y las disciplinas relacionadas de una u otra manera con el diseño y la comunicación visual, podemos colaborar promoviendo la generación en gran escala de elementos de diseño aborigen, de carácter nativo, que apunten a conformar un aporte significativo en la construcción de nuestras identidades regionales.

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Identidad, identificación e imagen de región

La identidad regional, así como la imagen de nación, constituyen temáticas muy poco estudiadas desde el punto de vista de la comunicación y el diseño. Sin embargo, es incuestionable el hecho de que la identidad de una región o un país, proyecta atributos positivos o negativos, sobre muchos sectores sociales y económicos, como empresas, marcas y productos.Es innegable que la pregunta ¿de dónde eres? Es una de las primeras que se le realiza a un viajero o a un extraño. Es decir que la sola mención del lugar de procedencia genera, a partir de su identidad regional, un cierto perfil de la identidad del individuo.

Identidad significa idéntico, sí mismo, mientras que la identificación es el acto de reconocer esa identidad. En general cuando se habla de identidad o identificación se está hablando del mismo tema, confundiéndose el acto de percepción con lo percibido. En realidad una cosa depende profundamente de la otra y es imposible que existan en forma independiente, de allí que comúnmente se las considere como una misma y única entidad.

Podemos definir entonces a la identidad como algo idéntico y equivalente al emisor y a la identificación como el hecho de reconocer, por parte de un receptor, la identidad percibida. Es decir que en ese esquema de emisor-receptor debemos identificar al mensaje como vinculante del emisor y el receptor en forma bilateral.

El mensaje es una unidad de conocimiento materializada en un grupo de signos comunes a ambas partes de una comunicación, los cuales se presentan articulados para transmitir significados. Para el caso concreto del mensaje formador de la identidad regional, a nivel diseño, podemos definirlo como una unidad formal establecida por medio de rasgos exclusivos, como signos de identidad, articulados entre sí, para posibilitar la transferencia de significados.

Cuando el mensaje es percibido y decodificado por el receptor, conforma en la mente del mismo una imagen. Esa imagen es una representación mental de una entidad, y posee la habilidad de condicionar, por medio de sucesivas percepciones y asociaciones de ideas, determinadas actitudes y conductas.

La imagen mental, o “discurso imaginario”, no corresponde a una identidad exclusivamente visual, sino que abarca todo el universo de elementos identificadores y se conforma por medio de diferentes mensajes registrados en forma separada y aleatoria y a través de sucesivas asociaciones.

La imagen de un país, de una región, de una institución o de una empresa, estará, por lo tanto, estructurada sobre la base de los identificadores, producto de su identidad. La imagen, como un todo, se encuentra desplegada en un sinnúmero de soportes de variadas características pero, todas las partes del conjunto ostentan una misma herencia, comparten valores y significaciones. En considerables oportunidades las regiones se encuentran aparentemente ligadas a su geografía, sin embargo no siempre existe real concordancia entre sus identificadores y la imagen proyectada. La provincia de Mendoza, por ejemplo, tiene una gran parte de su territorio llano, semidesértico y con temperaturas bastante elevadas durante la mayor parte del año. No obstante, presenta una imagen seductora de montaña y nieve, que es producto, indudablemente, de una ámplia difusión destinada al mercado turístico. Las imágenes creadas a partir del turismo son válidas, aunque sean, en definitiva, un recorte de la identidad real de la región. Generalmente ese recorte es un fragmento positivo, y crea una imagen idílica.Es importante tener en claro que una identidad regional auténtica no puede tener en cuenta sólo el factor turístico y el elemento económico-comercial, sino que debe contemplar todos los componentes sociales y culturales relacionados con la vida del habitante de la región.

En los casos concretos de la identidad de país o región, a diferencia de la identidad de una institución o empresa, no es posible la sistematización estricta de los elementos identificadores, es decir que no es factible un programa de diseño o un programa de identidad convencional. La identidad regional entonces, irá tomando forma a partir de la sumatoria de los diferentes elementos identificadores, que sin dudas serán coherentes aunque no sistémicos. Será la adición de esos elementos identitarios los que formarán en el receptor una imagen de región. Esta imagen no será, de ninguna manera inamovible, puesto que evoluciona y muta, según mutan los elementos identificadores, en forma conjunta con la evolucion de la sociedad.

Las identidades de carácter colectivo pueden sufrir modificaciones orientadas con la asistencia de ciertas políticas culturales, por ejemplo, desde el ámbito de gobierno. Pero siempre esas políticas dependerán de las voluntades individuales de los integrantes de la sociedad, que aceptarán o no los diferentes rumbos culturales.

Decididamente la identidad o imagen de región debe ser planteada en todos los espacios de la sociedad, ya que su acción incumbe directamente sobre al futuro económico de una nación.

Es necesario que universidades, centros de estudios y de investigación, empresas y organizaciones sociales no sólo participen del ejercicio de la reflexión, sino que también intervengan activamente en la implementación y en el seguimiento de las distintas acciones que estimulen la construcción de nuestra identidad como nación, rescatando la particularidad de cada región y respetando su diversidad cultural.

Eduardo Gabriel Pepe

Identidad, identificación e imagen de región

La identidad regional, así como la imagen de nación, constituyen temáticas muy poco estudiadas desde el punto de vista de la comunicación y el diseño. Sin embargo, es incuestionable el hecho de que la identidad de una región o un país, proyecta atributos positivos o negativos, sobre muchos sectores sociales y económicos, como empresas, marcas y productos.Es innegable que la pregunta ¿de dónde eres? Es una de las primeras que se le realiza a un viajero o a un extraño. Es decir que la sola mención del lugar de procedencia genera, a partir de su identidad regional, un cierto perfil de la identidad del individuo.

Identidad significa idéntico, sí mismo, mientras que la identificación es el acto de reconocer esa identidad. En general cuando se habla de identidad o identificación se está hablando del mismo tema, confundiéndose el acto de percepción con lo percibido. En realidad una cosa depende profundamente de la otra y es imposible que existan en forma independiente, de allí que comúnmente se las considere como una misma y única entidad.

Podemos definir entonces a la identidad como algo idéntico y equivalente al emisor y a la identificación como el hecho de reconocer, por parte de un receptor, la identidad percibida. Es decir que en ese esquema de emisor-receptor debemos identificar al mensaje como vinculante del emisor y el receptor en forma bilateral.

El mensaje es una unidad de conocimiento materializada en un grupo de signos comunes a ambas partes de una comunicación, los cuales se presentan articulados para transmitir significados. Para el caso concreto del mensaje formador de la identidad regional, a nivel diseño, podemos definirlo como una unidad formal establecida por medio de rasgos exclusivos, como signos de identidad, articulados entre sí, para posibilitar la transferencia de significados.

Cuando el mensaje es percibido y decodificado por el receptor, conforma en la mente del mismo una imagen. Esa imagen es una representación mental de una entidad, y posee la habilidad de condicionar, por medio de sucesivas percepciones y asociaciones de ideas, determinadas actitudes y conductas.

La imagen mental, o “discurso imaginario”, no corresponde a una identidad exclusivamente visual, sino que abarca todo el universo de elementos identificadores y se conforma por medio de diferentes mensajes registrados en forma separada y aleatoria y a través de sucesivas asociaciones.

La imagen de un país, de una región, de una institución o de una empresa, estará, por lo tanto, estructurada sobre la base de los identificadores, producto de su identidad. La imagen, como un todo, se encuentra desplegada en un sinnúmero de soportes de variadas características pero, todas las partes del conjunto ostentan una misma herencia, comparten valores y significaciones. En considerables oportunidades las regiones se encuentran aparentemente ligadas a su geografía, sin embargo no siempre existe real concordancia entre sus identificadores y la imagen proyectada. La provincia de Mendoza, por ejemplo, tiene una gran parte de su territorio llano, semidesértico y con temperaturas bastante elevadas durante la mayor parte del año. No obstante, presenta una imagen seductora de montaña y nieve, que es producto, indudablemente, de una ámplia difusión destinada al mercado turístico. Las imágenes creadas a partir del turismo son válidas, aunque sean, en definitiva, un recorte de la identidad real de la región. Generalmente ese recorte es un fragmento positivo, y crea una imagen idílica.Es importante tener en claro que una identidad regional auténtica no puede tener en cuenta sólo el factor turístico y el elemento económico-comercial, sino que debe contemplar todos los componentes sociales y culturales relacionados con la vida del habitante de la región.

En los casos concretos de la identidad de país o región, a diferencia de la identidad de una institución o empresa, no es posible la sistematización estricta de los elementos identificadores, es decir que no es factible un programa de diseño o un programa de identidad convencional. La identidad regional entonces, irá tomando forma a partir de la sumatoria de los diferentes elementos identificadores, que sin dudas serán coherentes aunque no sistémicos. Será la adición de esos elementos identitarios los que formarán en el receptor una imagen de región. Esta imagen no será, de ninguna manera inamovible, puesto que evoluciona y muta, según mutan los elementos identificadores, en forma conjunta con la evolucion de la sociedad.

Las identidades de carácter colectivo pueden sufrir modificaciones orientadas con la asistencia de ciertas políticas culturales, por ejemplo, desde el ámbito de gobierno. Pero siempre esas políticas dependerán de las voluntades individuales de los integrantes de la sociedad, que aceptarán o no los diferentes rumbos culturales.

Decididamente la identidad o imagen de región debe ser planteada en todos los espacios de la sociedad, ya que su acción incumbe directamente sobre al futuro económico de una nación.

Es necesario que universidades, centros de estudios y de investigación, empresas y organizaciones sociales no sólo participen del ejercicio de la reflexión, sino que también intervengan activamente en la implementación y en el seguimiento de las distintas acciones que estimulen la construcción de nuestra identidad como nación, rescatando la particularidad de cada región y respetando su diversidad cultural.

D.C.V. Eduardo Gabriel Pepe